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Recomendaciones de política pública que favorezcan y promuevan emprendimientos y empresarios de la economía de impacto

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iNNpulsa Colombia, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo -PNUD Colombia, NAB Colombia, Sistema B y Latimpacto llevaron a cabo la segunda versión de la Cumbre 2030, encuentro que convocó a actores del sector público y privado de diversas regiones del país para construir una visión conjunta hacia un futuro equitativo y sostenible. A través de mesas regionales y una gran conversación en Bogotá, la Cumbre 2030 definió recomendaciones de política pública que favorezcan y promuevan emprendimientos y empresarios de la economía de impacto.

 

«Desde iNNpulsa Colombia creemos que el país tiene todos los elementos para convertirse en una nación que pone al emprendimiento y la innovación al servicio de la agenda de desarrollo sostenible. Precisamente, esta segunda versión de la Cumbre 2030 hace parte de esa apuesta por articular a los principales actores del ecosistema de impacto en el país para convertir a Colombia en un ecosistema de impacto robusto que sea un referente para toda América Latina y para el mundo», apuntó Francisco Noguera, presidente de iNNpulsa Colombia.

 

Esta visión nace a partir de propósitos comunes y de desafíos identificados que ubican al triple impacto en el centro de la economía. Uno de ellos es el déficit de financiación y oportunidades frente a la Agenda 2030. De acuerdo con Sara Ferrer Olivella, Representante Residente de PNUD Colombia, alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible requerirá del esfuerzo de todos los actores de la sociedad: el sector privado, el sector público, la sociedad civil y la academia. La brecha anual de financiamiento, según la OECD se profundizó tras la pandemia del Covid-19, llegando a 4.5 billones. «El ecosistema de impacto en Colombia es un motor de la economía que impulsa nuevas posibilidades para contribuir a la sociedad y al planeta. Este ecosistema demuestra cómo se puede tener rentabilidad y al mismo tiempo una intención clara en resolver retos sociales y ambientales«.

 

Por otra parte, está el capital privado como actor estratégico para el cumplimiento de los ODS, conocido también como inversión de impacto. El sector privado y el ecosistema de inversión han empezado a generar una mayor conciencia sobre el efecto que tienen sus inversiones y la posibilidad de obtener rendimientos económicos, a la vez que se impacta de manera positiva a la sociedad y el medio ambiente.

 

Justamente, la inversión de impacto en el país está contribuyendo a solucionar problemáticas sociales y ambientales y aporta a 15 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible; sin embargo, debe fortalecerse. Así lo revela el estudio «Medición del mercado de inversión de impacto en Colombia» presentado por el NAB Colombia en el marco de la Cumbre 2030. De acuerdo con Paula Delgadillo, integrante de la junta directiva del NAB Colombia, entre los retos que tiene el ecosistema de impacto en Colombia se encuentran tener una definición clara entre los actores sobre lo que significa la inversión de impacto, fortalecer la medición e indicadores de resultados, tener un marco regulatorio favorable para facilitar las inversiones de impacto y, por último, lograr que grandes jugadores movilicen sus inversiones hacia el triple impacto.

 

Los expertos también destacan la gobernanza como uno de los retos para la economía de impacto. Tradicionalmente, las empresas priorizan las ganancias financieras, incluso cuando estas se derivan de comportamientos que generan desigualdad, afectaciones ambientales y fragmentación social. El modelo está migrando hacia un gobierno corporativo que da relevancia a todas las partes interesadas, es decir, que garantiza mejores negocios que rinden cuentas a las personas y al planeta. El desafío aquí es fortalecerlo.

 

«El propósito del impacto tiene que ver con resignificar el sentido del éxito de los negocios, pero también de la economía. Las empresas tienen que volcarse a pensar cómo solucionamos los problemas del mundo y al mismo tiempo, cómo hacemos negocios. Esto no está en contravía», expresó Claudia Martínez, cofundadora de Sistema B en Colombia.

 

Por ello se hace necesario liderar, coordinar y promover políticas públicas, regulación y autorregulación tanto de empresas como de mercados de capitales con un enfoque de triple impacto. Justamente, las recomendaciones próximamente quedarán consignadas en un documento como resultado de la experiencia de la Cumbre 2030, las cuales serán el punto de partida para el diseño de una política pública para el país que acelere la transición hacia un modelo económico más sostenible.

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